Urra la Urraca…

Aurora encontró a Urra cuando paseaba con su perrita. Enseguida notó que algo no iba bien. Era un pajarito bebé que saltaba de un lado a otro intentando sentirse a salvo en alguna parte de esa acera estrecha. Sin su mamá, sin  ningún árbol con nido cerca. Justo pasaba por ahí un señor que se prestó a cogerla mientras Aurora sujetaba a su perra, la envolvieron en una sudadera, y enseguida se relajó y se acurrucó.                        

Nuestra técnico veterinaria  estaba en un parque cercano y le hizo una revisión a Urra para ver que le ocurría, a simple vista no tenía nada. La soltaron y empezó a dar saltitos, como mucho aleteaba un poco y planeaba apenas 50 cm del suelo, mientras saltaba gritando como llamando a alguien.

Al poco tiempo se oyó un grito lejano muy similar, que cada vez estaba más cerca. Miramos hacia  las copas de los árboles y… ¡¡Wuauu!! Increíble, se trataba de su madre que había volado hasta suelo para rescatar a su bebé. Varias veces ella le habló mientras daba vueltas a su alrededor,  y luego volvía a los árboles. Su madre la estaba llamando, sin embargo la pequeña Urra no podía seguirla. Nosotras intentamos ayudarla a subir a las primeras ramas de los árboles, pero fue inútil. Urra saltaba y planeaba un poco y de nuevo volvía al suelo. Y es que Urra  aún era muy bebé y le faltaban plumitas, por eso, por más que intentaba no conseguía  levantar vuelo.                        

Estábamos desesperadas y ya no sabíamos que más hacer, porque su mamá se alejaba cuando intentábamos acercarnos.  Pronto apareció la pareja de esta y empezaron a comunicarse de árbol a árbol.  La pequeña les contestaba desde abajo mientras nosotras nos sentíamos totalmente inútiles. Vaya jaleo montamos!!

La casualidad hizo su aparición en esta historia por segunda vez. Pasó por allí un señor que tenía en casa un pájaro que se encontró de la misma manera, demasiado joven y caído del nido. Él conocía a una persona dedicada a la cetrería que le explicó la dieta que tienen este tipo de pájaros. Después de contarle la situación de Urra, la mujer dijo que se haría cargo de su recuperación,  pero que teníamos que esperar un par de días. Por suerte, él señor la tuvo en su casa hasta entonces, estaba encantado y además tenía experiencia. En unos días la llevaría con la cetrera con quién se quedaría hasta que pudiera valerse por sí sola y reincorporarse a una bandada.

Fue un día complicado, con una sorpresa detrás de la otra. Urra crecía en casa de la mujer cetrera.  Al cabo de una semana llegaron otros dos polluelos urracas con una historia similar, parece que era la época de caerse del nido. Poco a poco se fueron recuperando hasta hacerse grandes los tres. Crecieron,  pero Urra siempre fue bastante más pequeña que sus hermanos,  a pesar de comer igual y tener las mismas condiciones. Sin previo aviso, una mañana Urra se marchó.

A veces los animales se van sin avisar, de la noche a la mañana.  Urra nos dejó el gran recuerdo de lo bella y feliz que fue corta vida. Se fue, pero nunca se irá de nuestro corazón esta hermosa historia.